martes, 13 de noviembre de 2018

Poner nota a los profesores, tarea pendiente en España

“Hay miedo a abrir las aulas"

La comunidad educativa ha recibido dividida la iniciativa de Educación de evaluar la labor docente. Aunque España está a la cola en la materia, es muy común en otros países.

A principios de esta semana, la ministra de Educación anunció la puesta en marcha de un sistema de evaluación continua para los docentes. El objetivo es controlar su labor en las aulas, y aunque Celaá quiere arrancar con ella en esta legislatura, la medida no cuenta de momento con mucho nivel de detalle, más allá de que se tratará de “un sistema riguroso y voluntario”. Sin embargo, las reacciones no se han hecho esperar y el escepticismo se ha propagado en la comunidad educativa, que se divide entre los que rechazan más control sobre sus tareas diarias y los que lo ven como un bien necesario, pero desconfían de su puesta en marcha.

España, a la cola de la OCDE

Lo cierto es que el recelo español a poner nota a los profesores es algo que lleva años preocupando a la OCDE. En los informes Talis que realiza periódicamente sobre la situación de la docencia, alerta de esta tarea pendiente, que sin embargo goza de amplio recorrido en otros países de nuestro entorno. En 2013, el 36% de los profesores españoles de Secundaria aseguró no haber tenido nunca una evaluación externa y formal, cuatro veces más que la media de la OCDE y solo superados por los italianos (70%). Además, cuando han sido revisados, en un 97% de las veces se ha hecho simplemente mediante el análisis de las notas que ponen a los alumnos y solo en un 28% de las ocasiones los profesores han considerado que el control ha tenido efectos positivos sobre su carrera.

“En España existe un recelo importante a la evaluación porque es percibida como un medio de control, hay poca cultura y cierto miedo a abrir el aula, y no ven que sea una oportunidad de aprendizaje para los centros ni para mejorar las prácticas de los docentes”, señala Paulo Santiago, jefe de la dirección de política educativa de la OCDE. Santiago considera que una buena evaluación debe cumplir dos funciones: “Por un lado, la rendición de cuentas y el reconocimiento de los docentes, y por otro, obtener información para mejorar las practicas docentes y promover el crecimiento profesional”.

Hasta ahora, en España, la mayoría de las evaluaciones se han basado solo en las calificaciones de los alumnos, un sistema con el que los expertos no comulgan. “Los resultados de los estudiantes están condicionados por el contexto sociocultural del centro y del propio alumno. Además, dependen también de lo que hayan hecho otros profesores en años anteriores.

Otro método para evaluar a los docentes que tiene arraigo en países como Estados Unidos es la observación directa del profesor en el aula. Así es como lleva tres años trabajando Antonio Bóveda, el profesor de Luisiana: “Por un lado, una persona del centro superior a ti se encarga de ver tu progreso durante todo el año. Es un tipo de evaluación bilateral porque a ellos también les controla un superior. Y luego están las observaciones en clase, que hay dos anunciadas pero pueden ser muchas más. Yo he tenido hasta de padres que han venido a ver cómo enseño. Y me parece bien”. Para Marchesi, este sistema no es útil de manera aislada “porque todo el mundo puede tener un mal día y dos horas no reflejan la trayectoria de una persona. Además, puede depender mucho de la subjetividad del observador”.

Premios y castigos

Varios profesores consultados temen también la utilización que pueda darse de la evaluación que quiere incorporar Celaá. Les inquieta que vaya más allá de una cuestión meramente formativa e informativa para los profesores, y que se use para generar listados como el que ya existe entre colegios con la polémica prueba de 6º de Primaria, “donde las concertadas inflan las notas, y aquí puede pasar igual”, opina Carol. Según avanzaron varios medios en la tarde del jueves, este tipo de clasificaciones se eliminarán con la reforma de la Lomce que está preparando el ministerio, junto a otras medidas como planes especializados para los repetidores, retirar del Bachillerato Religión como asignatura obligatoria y eliminar los itinerarios de Secundaria. La evaluación del profesorado no entra dentro de la ley educativa, sino de una propuesta sobre la profesión docente.

Las consecuencias de la evaluación son otro de los debates que durante estos meses tendrá que atender el equipo de Celaá, que se ha puesto un tope de tres meses para recopilar conclusiones y aportaciones de las partes implicadas en la medida. La OCDE desaconseja la remuneración directa, es decir, la que no esté ligada a una subida de categoría. “En los países en los que se ha puesto en marcha no ha funcionado bien, porque tiene un componente negativo en la cooperación entre los profesores dentro del centro”, señala Santiago. Voces como la de Marchesi o del filósofo y pedagogo José Antonio Marina sí están de acuerdo en que los resultados repercutan en el sueldo u otra clase de 'premios' como cursos o becas. “En todas las profesiones menos en la educación hay un sistema de premios y sanciones, no es sensato que un mal profesor tenga la misma retribución que uno bueno, ni que todos los centros tengan el mismo presupuesto”, considera Marina.


Sin embargo, está en contra de la propuesta de la ministra de que la evaluación sea voluntaria y aboga por una apuesta decidida, vinculante, y que esté concebida para no depender de las políticas de turno: “Tiene que estar muy bien estudiada, por personas muy capacitadas y metodología precisa para que nadie piense

Fuente: El Confidencial (articulo completo)


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